La Sustancia Maldita (1985)

the stuff - poster

Título: The Stuff / In-natural (La sustancia maldita)
Año: 1985
Director: Larry Cohen
País:  EEUU
Duración: 86 minutos

Los trabajadores de una fábrica encuentran una sustancia que sale de la tierra. Una masa viscosa y burbujeante que sin ningún reparo, uno de ellos decide probar tras olerla. Para su sorpresa, descubre que la sustancia desconocida sabe genial, y se le ocurre que podrían hacer fortuna comercializándola.
El producto arrasa bajo el nombre de Stuff, y se convierte en el postre obligado en toda casa. La gente no puede parar de comerlo (literalmente), a todo el mundo le gusta Stuff. A todo el mundo excepto al joven Jason, que una noche ve cómo la viscosidad cobraba vida y se movía. Jason cuenta la historia a sus padres, pero estos no le creen, así que decide probar que no han sido visiones, y que algo no va bien.
Por otro lado, tenemos a David Rutherford (Michael Moriarty), un espía industrial que es enviado por una compañía para investigar los componentes de la sustancia, y así poder competir contra ella.
Ambos, paralelamente, descubrirán que tras la sustancia se encuentra una silenciosa invasión que comienza con la alienación de todo aquel que prueba Stuff, convirtiéndole en una especie de zombie cuya única motivación es la de consumir la extraña sustancia llegada desde el espacio exterior.

El director de la saga “It’s Alive” (¡Esta vivo!) o “Q, La Serpiente Voladora”, nos trae esta historia con más de una reminiscencia a “The Blob”, en la que se juntan todas las características que han hecho que sus films tenga esa marca de la casa. La crítica social, la ironía, el terror, y su actor fetiche, Michael Moriarty.
“La sustancia maldita”, “The Stuff” o “In-Natural” son algunos de los títulos con los que se conoce a esta película de Larry Cohen, que pese a flojear en muchos momentos del metraje y guión, merece mención especial. A mí, personalmente, me parece de lo más entretenida. La película, como ya he dicho, tiene puntos bastante incoherentes, pero por la crítica que hace (entre líneas a veces y directa en otras) hacia el consumismo adictivo, su humor negro, y un par de escenas inolvidables, son ingredientes suficientes para hacernos pasar un rato como pocas. Delirante sí, pero con el carisma que sólo Larry Cohen podía darle.

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