El Fantasma de la Ópera (1925)

el fantasma de la ópera - poster

Título: The phantom of the opera (El fantasma de la ópera)
Año: 1925
Director: Rupert Julian
País:  EEUU
Duración: 92 minutos

El teatro Opera de París tiene dos nuevos propietarios. Éstos, son advertidos de que el teatro guarda un terrible secreto. Algo merodea a través de sus paredes, entre las sombras. La extraña figura, conocida como “el fantasma”, tiene acceso a cada rincón del teatro por innacesible que sea, pero no contento con eso, amenaza a los nuevos dueños y exige que el palco número 5 sea exclusivamente para él.
Esta no será la única petición. El fantasma, en realidad un ser deforme que responde al nombre de Erik y que oculta su rostro bajo una máscara, quiere que sea la joven y debutante Christine, quien recibe sus instrucciones vocales convencida de que es el espíritu de su difunto padre, la que tenga el papel principal de la opera Fausto, pero los productores y Carlotta, la actiz asignada inicialmente, se niegan.
Esto desatará la furia de Erik, y las sospechas de Raoul de Chagny, prometido de Christine, que poco puede hacer para evitar que Erik rapte a Christine y la lleve consigo a las galerías subterráneas del teatro que cientos de años atrás servían de cámaras de tortura, donde declara su amor a la joven.
Christine loga engañar al fantasma y advertir a la policía y a su prometido de la ubicación y los planes del deforme psicópata, pero Erik, consciente de ello tras escucharlo todo, se prepara para recuperar a su amor no correspondido, y acabar con la vida de los que se interpongan.

Ruper Julia se pone tras la cámara en esta producción que elevaría a Lon Chaney (el hombre de las mil caras) a lo más alto. Basada en la novela de Gaston Leroux publicada en 1910, y enmarcada en un escenario expresionista, dramático, y romántico más que terrorífico, podríamos considerarla la primera película de terror de la Universal, que no la primera adaptación de la novela al celuloide.
Aunque para terrorífico el trabajo que el propio Chaney realizó sobre sus rostros con la única ayuda de sus manos. Un maquillaje que a día de hoy se nota fresco, vigente, y deja patente las cualidades y grandeza de la labor realizada por el actor, que terminó por rodar él mismo algunos planos después de que Ruper abandonara la dirección al no convencer a la Universal ni a Chaney con su primer pase.
Uno de los detalles más simbólicos de esta película es la utilización del color en algunos de los pasajes del metraje para resaltar algunos colores con acertada pretensión. Otra de las curiosidades del film, es que en 1930 la cinta se sonorizó al completo, con doblaje para todo el elenco de personajes excepto para Lon Chaney, que se negó en su contrato a que Erik tuviera voz.

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